Revista
Oftalmológica

Robótica en cirugía oftalmológica

uso de robots en las operaciones oftalmológicas

En pocas especialidades médicas unos cientos de micras pueden separar una maniobra correcta de una lesión potencialmente irreversible. La cirugía ocular se desarrolla sobre estructuras extremadamente pequeñas, con tejidos frágiles y márgenes de movimiento muy reducidos. Precisamente esas características están convirtiendo a la oftalmología en uno de los campos más interesantes para estudiar la aplicación de sistemas robóticos de alta precisión.

La situación actual, sin embargo, debe interpretarse con cautela. La robótica oftalmológica todavía no constituye una tecnología de uso habitual en los quirófanos. Algunas plataformas han alcanzado procedimientos en seres humanos y otras permanecen en investigación, mientras que la mayor parte de las intervenciones continúan dependiendo directamente de las manos del cirujano.

Los avances recientes muestran que estamos entrando en una etapa en la que la asistencia robótica empieza a demostrar qué tareas puede realizar y, sobre todo, dónde puede aportar una ventaja clínica real.

 

¿Por qué la oftalmología es un campo especialmente adecuado para la cirugía robótica?

Trabajar dentro del ojo exige una combinación excepcional de precisión, estabilidad y control. En cirugía vitreorretiniana, por ejemplo, la punta de un instrumento puede desplazarse sobre estructuras cuyo grosor se mide en micras. Incluso el temblor fisiológico normal del cirujano adquiere importancia cuando se realizan maniobras cerca de la retina.

Los robots microquirúrgicos pueden actuar como una interfaz entre el movimiento de la mano y el instrumento situado dentro del ojo. El cirujano continúa tomando las decisiones, mientras el sistema puede escalar los movimientos, estabilizarlos o limitar desplazamientos involuntarios.

En este contexto resulta importante diferenciar robótica de automatización completa. Muchos de los dispositivos actualmente investigados son sistemas de asistencia y no máquinas que ejecutan una operación de manera autónoma. La evolución se está produciendo de forma gradual, desde herramientas que compensan el temblor hasta plataformas teleoperadas y proyectos capaces de automatizar determinados pasos.

Una revisión publicada en Ophthalmology Retina destaca precisamente el potencial de estas tecnologías para tareas que demandan una precisión extrema, como la canulación vascular retiniana o la administración subretiniana de tratamientos.

 

¿Qué tipos de sistemas robóticos se están desarrollando en oftalmología?

No existe una única arquitectura para llevar la robótica al quirófano oftalmológico. Diferentes grupos de investigación y compañías están explorando soluciones con grados muy distintos de intervención tecnológica.

Esta clasificación es relevante porque condiciona la relación entre cirujano y máquina, la curva de aprendizaje y el nivel de autonomía que puede alcanzar el sistema.

Herramientas robotizadas con cancelación del temblor

Uno de los planteamientos más sencillos consiste en mantener un instrumento parecido al que utiliza habitualmente el especialista e incorporar mecanismos que detectan y compensan movimientos involuntarios.

El sistema Micron, desarrollado en Carnegie Mellon University, es uno de los ejemplos estudiados para microcirugía vitreorretiniana. Su diseño busca estabilizar el extremo del instrumento y reducir los desplazamientos asociados al temblor de la mano. En el entorno experimental también se han estudiado funciones relacionadas con el control de fuerza durante tareas como el pelado de membranas.

El interés de esta estrategia reside en mantener una interacción quirúrgica relativamente familiar. El especialista conserva el control directo mientras la tecnología actúa como una capa de estabilización.

Sistemas cooperativos controlados por el cirujano

En los modelos cooperativos, profesional y robot controlan conjuntamente el instrumento. El cirujano aplica una fuerza o movimiento sobre el dispositivo y el sistema interpreta esa intención para transformarla en un desplazamiento más preciso.

Plataformas como Steady-Hand Eye Robot o MYNUTIA se han desarrollado siguiendo este concepto. El objetivo es suavizar los movimientos y permitir desplazamientos extremadamente pequeños manteniendo la sensación de intervención directa.

Este enfoque puede ser especialmente interesante en situaciones en las que se necesita mantener una punta instrumental prácticamente inmóvil durante varios segundos o realizar trayectorias muy controladas.

Plataformas teleoperadas

En otro nivel encontramos los dispositivos donde el especialista maneja controles alejados del instrumento quirúrgico y el robot reproduce sus movimientos dentro del ojo. Esto permite aplicar escalado de movimiento, filtros de temblor y restricciones espaciales.

El sistema Preceyes constituye uno de los ejemplos más conocidos en cirugía vitreorretiniana. La tecnología ha sido utilizada para investigar tareas como el pelado de membranas, las inyecciones subretinianas y la canulación de vasos. EyeWiki recoge que esta plataforma ha obtenido marcado CE y resume diferentes experiencias clínicas y experimentales relacionadas con estas maniobras.

La teleoperación también abre posibilidades futuras relacionadas con cirugía remota, aunque las exigencias de latencia, seguridad, infraestructura y regulación hacen que este escenario sea mucho más complejo que trasladar a oftalmología el modelo utilizado en otras especialidades.

Cirugía parcialmente automatizada y autónoma

El escalón más avanzado consiste en delegar determinadas fases del procedimiento al sistema. Esto exige que el robot pueda interpretar imágenes, reconocer estructuras anatómicas y adaptar sus movimientos a cambios que se producen durante la intervención.

Todavía estamos lejos de disponer de cirugía ocular autónoma como práctica clínica general. Las investigaciones actuales se centran principalmente en automatizar tareas concretas y bien definidas.

En catarata, por ejemplo, se han presentado plataformas diseñadas inicialmente para automatizar varios pasos. La experiencia clínica reciente está mostrando que la transición hacia la autonomía probablemente será gradual y comenzará con sistemas teleoperados o de asistencia antes de alcanzar niveles superiores de automatización.

 

Robótica aplicada a la cirugía vitreorretiniana

La retina ha concentrado buena parte de la investigación robótica debido a la extraordinaria precisión requerida durante la cirugía. En estas intervenciones existen movimientos que se aproximan o incluso superan los límites de control fisiológico de la mano humana.

El objetivo no consiste simplemente en repetir mediante una máquina lo que ya puede hacer perfectamente un cirujano experimentado. El verdadero interés aparece cuando la asistencia tecnológica permite ejecutar maniobras con mayor estabilidad o abordar procedimientos que resultan extremadamente difíciles manualmente.

Pelado de membranas con precisión micrométrica

El manejo de membranas epirretinianas y de la membrana limitante interna requiere controlar con enorme precisión la interacción entre instrumento y retina. Una fuerza excesiva puede provocar daño tisular, mientras una fuerza insuficiente dificulta la maniobra.

Los robots pueden disminuir movimientos involuntarios y controlar de forma más estable la trayectoria de la pinza. Algunos sistemas experimentales incorporan sensores capaces de analizar fuerzas que el cirujano apenas puede percibir directamente.

Esta capacidad resulta especialmente interesante para estudiar procedimientos reproducibles y reducir el estrés mecánico sobre los tejidos. Las comparaciones experimentales recogidas recientemente sugieren que determinadas técnicas asistidas por robot pueden conseguir movimientos más precisos y menor interacción indeseada con el tejido, aunque todavía necesitamos más evidencia clínica para determinar su impacto final sobre los resultados visuales.

Inyecciones subretinianas y terapias avanzadas

La aparición de terapias génicas y celulares está modificando las exigencias de determinadas intervenciones retinianas. Administrar una sustancia en el espacio subretiniano requiere situar una cánula con enorme exactitud y mantenerla estable durante la inyección.

Un sistema robótico puede reducir el temblor, limitar la profundidad de penetración y mantener una posición de forma más estable que la mano humana durante determinados intervalos.

Este campo puede adquirir una relevancia creciente si aumentan los tratamientos que necesitan administración localizada. La robótica podría convertirse entonces en una tecnología habilitadora para terapias cuya eficacia depende tanto del medicamento como de la precisión con la que se deposita.

La literatura reciente sobre cirugía vitreorretiniana señala precisamente la administración subretiniana como una de las aplicaciones donde la precisión robótica puede resultar especialmente valiosa.

Canulación de vasos retinianos

Introducir una microaguja dentro de una vena retiniana representa un desafío extraordinario debido al pequeño diámetro de estos vasos y a los movimientos involuntarios que se producen durante la intervención.

La estabilización robótica permite explorar procedimientos de microcanulación que resultarían difíciles de realizar de forma mantenida mediante técnicas manuales. Esta línea de investigación podría tener implicaciones futuras en determinadas patologías vasculares de retina.

Existen antecedentes experimentales desde hace años. Un estudio publicado en Ophthalmology mostró que un prototipo robótico reducía considerablemente la desviación de la punta instrumental respecto al objetivo en comparación con la manipulación manual en modelos experimentales.

La relevancia actual de aquellas investigaciones reside en que han establecido la base técnica sobre la que se están desarrollando sistemas más sofisticados.

 

Cirugía robótica de catarata: de la experimentación al primer caso humano

Durante mucho tiempo la robótica oftalmológica estuvo vinculada principalmente a retina. La cirugía de catarata está comenzando a entrar en esta conversación debido al desarrollo reciente de plataformas diseñadas específicamente para el segmento anterior.

El cambio es significativo porque hablamos de uno de los procedimientos quirúrgicos más realizados y estandarizados de la medicina. Cualquier innovación debe demostrar una ventaja clara frente a una técnica convencional que ya presenta excelentes resultados cuando es realizada por cirujanos experimentados.

¿Qué aporta un robot a una cirugía altamente estandarizada?

La primera cirugía de catarata asistida mediante la plataforma Polaris se realizó en 2025 y fue presentada posteriormente en diferentes foros profesionales. En aquel procedimiento, el sistema funcionó como plataforma teleoperada bajo control directo del cirujano y no como un robot autónomo.

Este matiz es fundamental. Aunque determinadas plataformas se diseñan con vistas a automatizar pasos quirúrgicos, la aplicación clínica inicial mantiene al especialista en el centro del procedimiento.

La robótica puede aportar escalado de movimientos, estabilización y una plataforma digital capaz de integrar otras fuentes de información. El debate clínico estará en determinar si esas ventajas mejoran de manera suficiente la seguridad, reproducibilidad o eficiencia como para justificar su incorporación.

Integración con OCT intraoperatoria y visualización 3D

Una de las características más interesantes de las plataformas robotizadas es su capacidad para combinar control mecánico e imagen avanzada.

Durante la primera experiencia con Polaris se utilizó visualización tridimensional y OCT en tiempo real. El cirujano pudo valorar la posición instrumental, la proximidad a determinadas estructuras y la situación de la lente intraocular durante el procedimiento.

Esta integración puede ser más trascendente que el robot considerado de forma aislada. Cuando una plataforma conoce la posición de los instrumentos y recibe información anatómica en tiempo real, resulta posible desarrollar sistemas de asistencia capaces de establecer límites de seguridad o guiar determinados movimientos.

 

La robótica llega también a la cirugía corneal

La expansión de estas tecnologías hacia el segmento anterior ha alcanzado recientemente otro hito. En marzo de 2026 se publicó en Ophthalmology la descripción del primer caso humano de queratoplastia penetrante asistida por un robot de microcirugía.

El trabajo utilizó el sistema Symani, diseñado originalmente para microcirugía vascular y neural. Los autores evaluaron su aplicación en la realización de suturas corneales, una tarea donde la regularidad y precisión pueden influir en la cicatrización y en el resultado refractivo posterior.

Conviene interpretar el dato en su contexto. Se trata de una experiencia clínica inicial y los propios autores señalan que ningún robot quirúrgico había sido aprobado específicamente para cirugía oftálmica en ese momento.

Aun así, el caso demuestra que la tecnología puede trasladarse a procedimientos corneales y amplía considerablemente el campo potencial de aplicación de la microcirugía robótica.

 

¿Qué ventajas puede aportar la asistencia robótica al cirujano?

La utilidad clínica dependerá de demostrar beneficios concretos. La precisión tecnológica por sí misma no justifica introducir un sistema más complejo en el quirófano.

Entre las características que se están investigando destacan la estabilización del instrumento, el escalado del movimiento y una mayor capacidad para reproducir maniobras.

Reducción del temblor fisiológico

El movimiento de la mano presenta pequeñas oscilaciones incluso en cirujanos con una gran experiencia. En muchas intervenciones carecen de relevancia clínica, pero pueden convertirse en una limitación cuando trabajamos a escala micrométrica.

Los sistemas robóticos pueden identificar determinados componentes del movimiento y compensarlos antes de trasladarlos a la punta del instrumento.

Este principio resulta especialmente interesante en retina, donde la distancia entre la herramienta y un tejido sensible puede ser extraordinariamente pequeña.

Precisión y control de movimientos

Una plataforma teleoperada permite transformar un desplazamiento relativamente amplio realizado por el cirujano en otro mucho menor dentro del ojo.

Por ejemplo, varios milímetros de movimiento en los controles pueden traducirse en unas pocas micras en la zona quirúrgica. Este escalado facilita maniobras que se aproximan a los límites fisiológicos del control manual.

El sistema también puede definir áreas que el instrumento no debería atravesar, aunque esta función requiere una localización anatómica extremadamente precisa.

Reproducibilidad de las maniobras quirúrgicas

Uno de los grandes retos de cualquier técnica manual es la variabilidad. Dos cirujanos pueden ejecutar correctamente una misma maniobra mediante movimientos ligeramente distintos.

La robótica permite registrar trayectorias, velocidades, fuerzas y posiciones instrumentales. Esta información puede ayudar a estudiar qué características definen una técnica eficiente y segura.

A largo plazo, estos datos podrían emplearse para formación quirúrgica, evaluación objetiva de habilidades y desarrollo de sistemas de asistencia.

Nuevas posibilidades para procedimientos extremadamente delicados

El mayor potencial puede encontrarse en intervenciones que actualmente resultan extraordinariamente complejas o presentan limitaciones derivadas de la precisión humana. Entre las áreas que se están investigando se encuentran:

  • Canulación vascular retiniana. La estabilización prolongada de una microaguja puede facilitar el acceso a vasos de calibre muy pequeño.
  • Administración subretiniana. La precisión en profundidad y posición podría ser relevante para terapias génicas y celulares.
  • Micromanipulación de membranas. El control de movimiento y fuerza puede reducir interacciones innecesarias con la retina.
  • Microcirugía corneal. La experiencia publicada en 2026 abre la posibilidad de estudiar suturas más reproducibles en determinados trasplantes.

La importancia clínica de cada aplicación deberá demostrarse mediante ensayos comparativos y seguimiento de resultados.

 

Principales limitaciones antes de una adopción generalizada

Los avances recientes son relevantes, pero conviene evitar una visión excesivamente optimista. La cirugía robótica oftalmológica continúa atravesando una fase de validación tecnológica y clínica.

Para incorporarla de manera amplia tendremos que demostrar que sus beneficios compensan la complejidad añadida.

Tiempo quirúrgico y curva de aprendizaje

Las primeras experiencias muestran que determinados procedimientos asistidos por robot pueden requerir más tiempo que su equivalente manual. EyeWiki recoge que en cirugía vitreorretiniana los resultados de precisión son prometedores, aunque algunas técnicas robotizadas presentan una duración superior.

El cirujano debe aprender a manejar una interfaz distinta y el equipo de quirófano necesita adaptarse a nuevos flujos.

Por ello, la ergonomía y la facilidad de conversión a técnica manual serán aspectos esenciales para valorar estas plataformas.

Coste e infraestructura

Un robot supone inversión inicial, mantenimiento, consumibles, formación y ocupación de espacio. La cirugía oftalmológica actual ya utiliza equipamiento sofisticado, por lo que introducir una nueva plataforma obliga a demostrar una mejora clínicamente significativa.

La cuestión económica será especialmente importante en catarata, donde existen técnicas muy eficientes y ampliamente implantadas.

El coste puede estar más justificado inicialmente en procedimientos de alta complejidad donde el robot permita realizar una intervención que resulte muy difícil mediante cirugía convencional.

Seguridad, respuesta ante fallos y supervisión humana

Cualquier sistema mecánico puede sufrir una avería. En cirugía ocular, incluso una interrupción breve puede adquirir relevancia.

Las plataformas deberán incorporar mecanismos capaces de detener el movimiento inmediatamente, liberar instrumentos de forma segura y permitir al especialista continuar manualmente cuando sea necesario.

La pérdida de retroalimentación táctil constituye otra cuestión relevante. EyeWiki señala este aspecto entre las limitaciones potenciales de algunos sistemas robotizados, ya que el cirujano puede recibir menos información directa sobre las fuerzas ejercidas sobre los tejidos.

Evidencia clínica y regulación

Demostrar precisión técnica constituye el primer paso. Lo verdaderamente relevante será comprobar si esa precisión produce menos complicaciones, mejores resultados funcionales o posibilita tratamientos que antes no podían realizarse.

Los primeros procedimientos humanos generan conocimiento, pero todavía necesitamos estudios multicéntricos y comparaciones con cirugía convencional.

El caso publicado en 2026 sobre trasplante corneal asistido por robot ilustra esta fase temprana: demuestra viabilidad clínica inicial, pero todavía está lejos de establecer una nueva práctica estándar.

 

¿Sustituirán los robots al cirujano oftalmólogo?

La evidencia actual apunta en una dirección muy distinta. El desarrollo se centra principalmente en herramientas que amplían las capacidades del profesional.

Incluso las plataformas que inicialmente fueron concebidas con posibilidades de automatización están comenzando su aplicación clínica mediante control directo. En el caso de Polaris, por ejemplo, el primer procedimiento humano se realizó de forma teleoperada y sin automatización de las fases quirúrgicas.

El especialista continúa interpretando la anatomía, reaccionando ante imprevistos y tomando las decisiones que determinan la estrategia quirúrgica.

La robótica puede modificar, en cambio, qué movimientos somos capaces de ejecutar. Si un sistema permite mantener un instrumento inmóvil durante más tiempo, desplazarlo unas pocas micras o administrar una terapia en una localización extremadamente precisa, estaremos ampliando los límites técnicos de la cirugía.

Por esta razón, consideramos más adecuado hablar de cirugía aumentada que de sustitución del cirujano.

 

Hacia una nueva generación de cirugía ocular de precisión

Los acontecimientos de 2025 y 2026 muestran que la robótica oftalmológica está entrando en una etapa diferente. La realización de cirugía de catarata asistida por robot, la experiencia clínica acumulada en retina y el primer trasplante corneal humano con asistencia microquirúrgica amplían considerablemente el campo de investigación.

Todavía resulta prematuro anticipar qué plataformas terminarán incorporándose de forma rutinaria. Es probable que la adopción avance primero en procedimientos donde la precisión micrométrica aporte una ventaja difícil de conseguir manualmente.

La siguiente frontera será la integración. Robot, imagen intraoperatoria, inteligencia artificial, sensores de fuerza y sistemas de navegación acabarán formando parte de una misma arquitectura tecnológica. Cuando estos componentes puedan comunicarse en tiempo real, el cirujano dispondrá de información y control mucho más precisos sobre cada movimiento.

La pregunta relevante, por tanto, ya no es si un robot puede mover un instrumento dentro del ojo. Esa capacidad ha sido demostrada. El verdadero desafío consiste en identificar qué intervenciones mejoran clínicamente gracias a esa asistencia y demostrarlo con evidencia sólida.

Si alcanzamos ese objetivo, la robótica puede convertirse en una nueva herramienta dentro de la evolución natural de la microcirugía oftalmológica: una tecnología orientada a ampliar la precisión del especialista, reducir determinadas limitaciones humanas y hacer posibles procedimientos que hoy se encuentran en los límites técnicos de la cirugía ocular.