Revista
Oftalmológica

Como cuidar la salud visual

consejos y cuidados de la salud visual

Lavarnos los dientes, controlar nuestra tensión arterial o proteger la piel del sol son hábitos que hemos incorporado progresivamente a nuestra rutina de salud. Con los ojos ocurre algo diferente. Muchas personas siguen asociando el cuidado de la vista con ponerse gafas cuando dejan de ver bien, cuando la salud ocular abarca muchos más aspectos.

Desde el ámbito oftalmológico recomendamos adoptar una actitud preventiva incluso cuando la visión parece perfecta. Algunas enfermedades pueden comenzar sin producir síntomas evidentes y ciertos hábitos mantenidos durante años influyen en el estado de las estructuras oculares. Cuidar nuestros ojos implica combinar revisiones periódicas, protección frente a determinados factores de riesgo y un estilo de vida saludable.

 

¿Por qué debemos cuidar nuestros ojos aunque veamos bien?

Tener una buena agudeza visual no significa necesariamente que todas las estructuras del ojo estén sanas. Podemos conservar una visión aparentemente normal mientras comienzan a desarrollarse alteraciones que todavía no han producido síntomas perceptibles.

El glaucoma es uno de los ejemplos más conocidos. En sus fases iniciales puede evolucionar sin que la persona advierta cambios importantes. Algo similar sucede con determinadas alteraciones de la retina. Cuando existen diabetes, antecedentes familiares de enfermedades oculares o determinados factores de riesgo, la prevención adquiere todavía mayor relevancia.

También debemos diferenciar entre los defectos refractivos y las enfermedades propiamente dichas. La miopía, la hipermetropía, el astigmatismo y la presbicia afectan a la manera en que enfocamos las imágenes, mientras que otras patologías pueden producir cambios estructurales en el ojo.

Por este motivo, nuestra recomendación es entender la salud visual como una parte más de la salud general y no limitar las revisiones al momento en que necesitamos cambiar la graduación.

 

Hábitos fundamentales para mantener una buena salud visual

Muchas medidas preventivas son sencillas y pueden integrarse fácilmente en la vida cotidiana. Su objetivo es reducir determinados factores de riesgo y favorecer la detección temprana de cualquier alteración.

Realizar revisiones oftalmológicas periódicas

Esperar hasta percibir una pérdida de visión puede retrasar el diagnóstico de algunas enfermedades. Una exploración permite valorar aspectos que el propio paciente no puede comprobar en casa, como el estado de la retina, el nervio óptico, la córnea o la presión intraocular cuando está indicado medirla.

La periodicidad debe individualizarse. La edad, los antecedentes familiares, la presencia de diabetes, una miopía elevada, determinadas enfermedades generales o una patología ocular previamente diagnosticada pueden hacer necesarios controles más frecuentes.

Por tanto, no existe un calendario idéntico para toda la población. Será el profesional quien establezca el seguimiento apropiado según el perfil de riesgo de cada persona.

Proteger los ojos frente a la radiación solar

Utilizar gafas de sol adecuadas es una medida de protección ocular y no únicamente una cuestión de comodidad. La exposición acumulada a radiación ultravioleta se ha relacionado con distintas alteraciones oculares.

Debemos escoger modelos homologados que proporcionen protección frente a la radiación ultravioleta. El hecho de que una lente sea muy oscura no garantiza por sí mismo que filtre correctamente esta radiación.

En situaciones de exposición intensa (playa, montaña, nieve o actividades prolongadas al aire libre) podemos complementar las gafas con sombreros o gorras que reduzcan la cantidad de radiación que llega directamente a los ojos.

Mantener una alimentación equilibrada

Una dieta variada aporta micronutrientes necesarios para el correcto funcionamiento de las estructuras oculares. Vitaminas A, C y E, carotenoides como luteína y zeaxantina, zinc y determinados ácidos grasos participan en diferentes procesos relacionados con la retina y otros tejidos.

Recomendamos priorizar una alimentación rica en verduras de hoja verde, frutas, hortalizas, legumbres, frutos secos y pescado dentro de un patrón dietético equilibrado.

Esto no significa que exista un alimento capaz de mejorar por sí mismo la visión. Tampoco recomendamos recurrir de manera indiscriminada a suplementos. Existen formulaciones nutricionales indicadas en situaciones oftalmológicas concretas, pero su utilización debe responder a criterios clínicos.

Evitar el tabaco

Fumar tiene consecuencias que van mucho más allá de los pulmones y del sistema cardiovascular. El tabaquismo está asociado con un mayor riesgo de diferentes problemas oculares, entre ellos cataratas y degeneración macular asociada a la edad.

Abandonar el consumo constituye, por tanto, una de las medidas de estilo de vida que podemos recomendar para proteger la salud general y ocular.

El humo del tabaco también puede resultar irritante para la superficie del ojo y agravar las molestias en personas predispuestas a padecer sequedad ocular.

Practicar ejercicio y controlar la salud cardiovascular

Los ojos poseen una extensa red de pequeños vasos sanguíneos, especialmente en la retina. Las enfermedades que afectan al sistema vascular pueden tener repercusiones directas sobre la visión.

Mantener un peso adecuado, realizar actividad física, controlar la presión arterial y vigilar los niveles de glucosa y colesterol contribuyen a reducir diferentes riesgos para la salud.

Esta relación resulta especialmente evidente en las personas con diabetes. Un adecuado control metabólico y las revisiones del fondo de ojo son fundamentales para prevenir y detectar la retinopatía diabética.

 

Cómo cuidar la vista en las actividades cotidianas

Nuestro entorno y la manera en que desarrollamos ciertas tareas influyen en el confort visual. La lectura, el trabajo de oficina, el estudio y otras actividades de precisión requieren unas condiciones adecuadas.

Leer y trabajar con una iluminación adecuada

Forzar la visión en condiciones de iluminación insuficiente puede generar incomodidad y fatiga. Lo recomendable es disponer de luz suficiente y evitar grandes contrastes entre el área que estamos observando y el entorno.

También conviene controlar los reflejos. Una fuente luminosa situada en una posición incorrecta puede producir deslumbramiento y hacer que determinadas tareas resulten menos confortables.

Leer ocasionalmente con poca luz no significa que vayamos a dañar permanentemente nuestros ojos. La consecuencia más habitual será una mayor sensación de cansancio. Aun así, crear unas buenas condiciones de iluminación facilita considerablemente el trabajo visual.

Mantener una distancia correcta durante el trabajo de cerca

Acercarnos excesivamente al material de lectura incrementa la demanda acomodativa y de convergencia. La distancia adecuada depende de la tarea y de las características de cada persona, por lo que resulta preferible mantener una postura cómoda y evitar aproximaciones innecesarias.

En un puesto de trabajo también debemos prestar atención a la ergonomía. La altura y posición del monitor deben permitir una postura natural, evitando movimientos forzados de cuello y cabeza.

Cuando existe una graduación prescrita específicamente para visión próxima o intermedia, utilizarla correctamente puede mejorar considerablemente el confort durante la jornada.

Descansar la visión durante las tareas prolongadas

Mantener durante horas la atención sobre una distancia cercana puede provocar cansancio ocular. Interrumpir periódicamente la actividad y dirigir la mirada hacia objetos más alejados permite relajar temporalmente el esfuerzo de enfoque.

Durante las tareas que requieren mucha concentración también disminuye la frecuencia de parpadeo. Como consecuencia, la película lagrimal puede evaporarse con mayor rapidez y aparecer sensación de sequedad, picor o cuerpo extraño.

Por ello aconsejamos realizar pequeñas pausas, cambiar periódicamente la distancia de enfoque y recordar parpadear con normalidad. Estas medidas son especialmente útiles cuando las jornadas de trabajo cercano son prolongadas.

Utilizar protección ocular cuando exista riesgo de lesiones

Los traumatismos constituyen una causa prevenible de lesiones oculares. Determinadas profesiones, tareas domésticas, trabajos de bricolaje y actividades deportivas pueden exponer los ojos a partículas, productos químicos o impactos.

Las gafas protectoras deben estar adaptadas al riesgo concreto. Unas gafas convencionales de uso diario no sustituyen a un equipo de protección diseñado para resistir impactos o evitar salpicaduras.

Cuando manipulamos productos potencialmente irritantes también debemos respetar las instrucciones de seguridad y actuar rápidamente si se produce contacto accidental con el ojo.

 

Higiene y cuidados que ayudan a proteger los ojos

Pequeños gestos cotidianos pueden influir sobre la superficie ocular. Mantener unas buenas prácticas de higiene reduce el riesgo de irritaciones e infecciones.

Evitar tocarse o frotarse los ojos

Las manos entran constantemente en contacto con superficies contaminadas por microorganismos. Tocarnos los ojos facilita su transferencia hacia la superficie ocular.

Frotarlos con intensidad puede empeorar la irritación y resulta especialmente desaconsejable en determinadas patologías corneales. Si sentimos picor persistente, es preferible averiguar su origen en lugar de convertir el frotamiento en un hábito.

Cuando necesitemos manipular los párpados o aplicar algún tratamiento, recomendamos lavarse previamente las manos con agua y jabón.

Utilizar correctamente las lentes de contacto

Las lentillas son productos sanitarios que permanecen en contacto directo con la córnea. Su utilización exige respetar unas normas de higiene y los tiempos de reemplazo establecidos.

Dormir con lentes que no están indicadas para ello, prolongar su utilización más allá del periodo recomendado o entrar en contacto con agua durante su uso puede aumentar el riesgo de complicaciones.

Ante dolor, enrojecimiento intenso, fotofobia o pérdida de visión recomendamos retirar las lentes de contacto y solicitar una valoración profesional. Algunas infecciones corneales pueden evolucionar rápidamente y requieren tratamiento precoz.

Cuidar la higiene de párpados y maquillaje

Los productos cosméticos utilizados alrededor de los ojos deben mantenerse en buenas condiciones y emplearse siguiendo las recomendaciones del fabricante. Compartir maquillaje ocular aumenta el riesgo de transmitir microorganismos.

Retirar correctamente los cosméticos antes de dormir ayuda a mantener limpia la zona palpebral. Cuando existe blefaritis o alteraciones de las glándulas de Meibomio puede ser necesario establecer una rutina específica de higiene indicada por un profesional.

También recomendamos sustituir aquellos productos que hayan superado su periodo de utilización y evitar emplearlos cuando existe una infección ocular activa.

 

El cuidado de la vista cambia con la edad

Las necesidades visuales evolucionan durante toda la vida. En la infancia resulta especialmente importante detectar problemas capaces de interferir en el desarrollo visual, como determinados defectos refractivos, el estrabismo o la ambliopía.

Durante la edad adulta debemos vigilar la graduación y los posibles factores de riesgo. A partir de los 40 años comienza habitualmente la presbicia y cobra mayor importancia el control de enfermedades cuya incidencia aumenta progresivamente con la edad.

En etapas más avanzadas son más frecuentes las cataratas, el glaucoma y la degeneración macular asociada a la edad. Las revisiones periódicas permiten adaptar el seguimiento a esta evolución natural y detectar patologías antes de que ocasionen una pérdida visual importante.

 

Síntomas visuales que no debemos ignorar

Los hábitos preventivos resultan importantes, pero debemos saber reconocer cuándo una alteración requiere valoración médica. Algunos síntomas justifican consultar con rapidez y otros pueden constituir una verdadera urgencia oftalmológica. Recomendamos prestar especial atención a:

  • Pérdida repentina de visión: una disminución brusca, aunque sea indolora, necesita valoración urgente porque puede estar relacionada con alteraciones de la retina, el nervio óptico o la circulación ocular.
  • Destellos luminosos y aparición súbita de numerosas moscas volantes: estos síntomas pueden acompañar a cambios en el vítreo y, en determinados casos, a una rotura o desprendimiento de retina.
  • Dolor ocular intenso: cuando aparece de forma súbita o se acompaña de enrojecimiento, visión borrosa, náuseas o halos alrededor de las luces debe evaluarse rápidamente.
  • Visión doble de aparición reciente: existen numerosas causas posibles, algunas de ellas neurológicas, por lo que requiere una valoración profesional.
  • Deformación de las líneas o pérdida de visión central: estos cambios pueden estar relacionados con alteraciones maculares y conviene estudiarlos cuanto antes.

Ante estos síntomas recomendamos evitar la automedicación y solicitar asistencia profesional. El tiempo puede ser determinante en algunas patologías.

 

¿Se puede mejorar la vista adoptando hábitos saludables?

Conviene diferenciar entre cuidar nuestra capacidad visual y modificar una graduación. Ningún ejercicio, alimento o hábito saludable elimina por sí mismo la miopía, la hipermetropía o el astigmatismo. Tampoco podemos revertir una enfermedad ocular simplemente cambiando nuestro estilo de vida.

Las medidas preventivas persiguen otro objetivo: mantener los ojos en las mejores condiciones posibles, reducir factores de riesgo modificables y facilitar la detección temprana de problemas.

Por este motivo debemos ser prudentes ante métodos que prometen recuperar visión mediante ejercicios, suplementos o tratamientos sin respaldo científico. Cuando existe una pérdida visual, primero debemos determinar su causa.

 

Cuidar hoy la salud visual ayuda a proteger la visión del futuro

Mantener unos ojos sanos no depende de una única medida. Las revisiones periódicas, la protección solar, una alimentación equilibrada, el abandono del tabaco, la actividad física y una correcta higiene ocular forman parte de una estrategia global de prevención.

Desde el ámbito oftalmológico insistimos especialmente en la detección precoz. Podemos encontrarnos con personas que ven perfectamente y presentan factores de riesgo o cambios incipientes que todavía no han provocado síntomas. Identificarlos a tiempo amplía nuestras posibilidades de seguimiento y tratamiento.

Cuidar la salud visual debe convertirse en un hábito mantenido durante toda la vida. No necesitamos esperar a ver peor para prestar atención a nuestros ojos. La prevención, las revisiones adaptadas a cada etapa y la consulta ante cualquier cambio inesperado siguen siendo nuestras mejores herramientas para conservar una buena visión durante el mayor tiempo posible.